La invitación digital tenía cuatro herramientas que casi nadie encontraba. Las reunimos en una sola pieza que aparece cuando el invitado confirma.
Para el invitado, eran cuatro herramientas sueltas sin un lugar claro.
Fuimos sumando funciones a la invitación: confirmación, pases digitales, fotos en vivo y un asistente para resolver dudas. Cada una tenía sentido desde el lado de quien la construyó, pero el invitado no llegaba a ellas: era desarrollo sin uso, y los problemas que las originaron seguían ahí.
Lo único que todo invitado hace es confirmar: usamos ese momento como puerta.
La isla aparece sola, se confirma en un toque y, al terminar, se queda como la barra que lleva a pases, fotos y Lia. El invitado no tiene que buscar nada. Las herramientas llegan cuando ya le sirven.





La invitación digital tenía cuatro herramientas que casi nadie encontraba. Las reunimos en una sola pieza que aparece cuando el invitado confirma.
Para el invitado, eran cuatro herramientas sueltas sin un lugar claro.
Fuimos sumando funciones a la invitación: confirmación, pases digitales, fotos en vivo y un asistente para resolver dudas. Cada una tenía sentido desde el lado de quien la construyó, pero el invitado no llegaba a ellas: era desarrollo sin uso, y los problemas que las originaron seguían ahí.
Lo único que todo invitado hace es confirmar: usamos ese momento como puerta.
La isla aparece sola, se confirma en un toque y, al terminar, se queda como la barra que lleva a pases, fotos y Lia. El invitado no tiene que buscar nada. Las herramientas llegan cuando ya le sirven.




